En el entorno empresarial actual, uno de los principales desafíos es contar con procesos de respuesta bien definidos para enfrentar ciberataques y fallos en el acceso a datos. La velocidad con la que una empresa puede recuperarse de un incidente de ciberseguridad puede marcar la diferencia entre la continuidad operativa y una crisis devastadora. Según Gerardo González, Gerente de Ciberseguridad para la región andina de SONDA, “El impacto que tiene una falla de ciberseguridad está estrechamente relacionado con el tiempo de respuesta ante un incidente.” Gartner destaca que para 2026, las organizaciones que asignen al menos el 20% de sus fondos de seguridad en programas de resiliencia cibernética y diseño flexible lograrán reducir a la mitad el tiempo total de recuperación tras un ataque significativo.
Para garantizar respuestas rápidas y efectivas, es fundamental implementar soluciones que agilicen la recuperación ante incidentes. González explica que “el uso de la IA generativa y automatizaciones en las respuestas puede ser determinante al momento de responder a un incidente de ciberseguridad.” La integración de herramientas como SOAR (Security Orchestration Automation and Response) en los centros de operaciones de seguridad (SOC) permite respuestas más ágiles y eficientes. Sin embargo, el éxito de estas soluciones depende de un alto nivel de madurez en su implementación. Los atacantes también están utilizando procesos automatizados respaldados por IA, por lo que las empresas deben adoptar herramientas similares para mantenerse a la vanguardia en la defensa cibernética.
Además de las soluciones tecnológicas, las pruebas de seguridad son cruciales para mantener la integridad de los sistemas. Gerardo González enfatiza la importancia de realizar pruebas controladas antes de desplegar actualizaciones de software: “Para evitar fallas que impacten la operación, hay que hacer pruebas controladas.” Las prácticas como el análisis de vulnerabilidades, el hacking ético y el pentesting son esenciales para anticiparse a posibles vulneraciones y fortalecer la infraestructura tecnológica. Estas prácticas ayudan a identificar debilidades y a implementar medidas preventivas antes de que un ataque pueda causar daños significativos.
Finalmente, la preparación del equipo de respuesta a incidentes es clave para minimizar el impacto de un ataque. El equipo debe estar bien capacitado y contar con procesos claros y herramientas adecuadas para manejar incidentes de manera eficiente. La combinación de capacidades humanas y tecnológicas adecuadas determinará el tiempo de respuesta y, en última instancia, la capacidad de la empresa para superar el desafío. La inversión en estos recursos y la implementación de estrategias efectivas pueden marcar la diferencia en la protección contra ciberamenazas, asegurando una recuperación rápida y efectiva en momentos críticos.
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