A medida que avanzamos en el año 2024, Colombia enfrenta una realidad alarmante: el crecimiento incesante de los delitos cibernéticos. Desde el inicio de la pandemia en 2020, el país ha sido testigo de un aumento dramático en los delitos de suplantación de identidad y fraude digital, con un incremento asombroso del 409%. Estas cifras inquietantes, proporcionadas por el Centro Cibernético Policial de Colombia, revelan una tendencia preocupante que no muestra signos de disminuir.
En su reciente visita al país, Gadi Mazor, CEO de BioCatch, expresó su preocupación por este fenómeno. Mazor señaló que, a pesar de las inversiones significativas realizadas por las instituciones financieras a nivel mundial para proteger a los usuarios, el factor humano sigue siendo el eslabón más débil en la cadena de seguridad cibernética. El crecimiento de los fraudes digitales no solo tiene un impacto económico en las víctimas, sino que también afecta su bienestar emocional.
Bogotá encabeza la lista de ciudades colombianas con el mayor número de denuncias, representando el 35% del total nacional. Le siguen Medellín, Cundinamarca y Cali, destacando la gravedad del problema en las áreas urbanas más grandes del país. Según Mazor, una variedad de técnicas de estafa, desde el phishing hasta el robo de identidad, están ganando terreno rápidamente en Colombia, exacerbando aún más la situación.
Sin embargo, hay un rayo de esperanza en esta lucha contra el fraude digital. Colombia ha avanzado legislativamente con la aprobación de la ley “Si es Estafa no Paga”, diseñada para proteger a las víctimas de suplantación digital. Esta ley busca suspender los cobros asociados al fraude y eliminar los reportes negativos en las centrales de riesgo, aliviando así la carga financiera y emocional de las personas afectadas.
A pesar de estos avances, Mazor advierte que no podemos bajar la guardia. La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta poderosa para los estafadores, facilitando la creación de sitios web falsos y campañas engañosas. La biometría conductual emerge como una solución crucial para combatir este problema. Al monitorear el comportamiento de los usuarios, las instituciones financieras pueden detectar y prevenir fraudes de manera más efectiva, brindando una experiencia segura y confiable a sus clientes.
Mazor destaca la importancia de la biometría conductual no solo para combatir el fraude digital, sino también para enfrentar delitos financieros más amplios. La colaboración entre la tecnología y las instituciones financieras es esencial para proteger a la ciudadanía y detener el avance de las sofisticadas redes criminales que se aprovechan de la vulnerabilidad en línea.
En última instancia, la batalla contra el fraude digital es un desafío continuo que requiere una respuesta coordinada y proactiva. Con la implementación de tecnologías innovadoras y la colaboración entre el gobierno, las instituciones financieras y las empresas de tecnología, Colombia puede fortalecer su posición en la lucha contra el crimen cibernético y proteger los activos más valiosos de sus ciudadanos: su seguridad y su tranquilidad.



