Por: Hans Blumenthal
Durante décadas, especialmente tras el fin de la Guerra Fría y la disolución de la Unión Soviética a comienzos de los años noventa, Estados Unidos fue la potencia indiscutiblemente dominante del sistema internacional. Probablemente, desde el surgimiento del sistema moderno de Estados en el siglo XVII, ningún país había concentrado un nivel comparable de supremacía militar, económica, tecnológica y, en parte, también cultural. Washington, además, construyó una extensa red de aliados, en particular en Europa a través de la OTAN, que reforzó su posición hegemónica.
Hoy el panorama es distinto. Estados Unidos ha sufrido intervenciones fallidas en Afganistán e Irak, una grave crisis financiera y, durante la primera presidencia de Donald Trump, un giro significativo hacia el aislacionismo. Al mismo tiempo, China ha protagonizado un ascenso económico y militar de una magnitud sin precedentes.
La invasión rusa de Ucrania, tanto en 2014 como en su fase a gran escala iniciada en 2022, parece evidenciar que Washington ya no es capaz de contener por sí solo rupturas tan profundas del orden internacional. Para numerosos analistas y académicos, así como para potencias emergentes como India, Sudáfrica o Brasil, y para agrupaciones como los países BRICS, estos acontecimientos confirman el declive de la unipolaridad y el tránsito hacia un sistema internacional multipolar o, al menos, “post-unipolar”.
China se perfila como el principal competidor estructural de la hegemonía estadounidense. En términos económicos ya ha superado a Estados Unidos en paridad de poder adquisitivo, y avanza rápidamente en sectores estratégicos como la inteligencia artificial, los semiconductores, la industria espacial y los sistemas militares. En el plano geopolítico, iniciativas como la Nueva Ruta de la Seda (Belt and Road Initiative) le permiten tejer una red alternativa de dependencias globales. A diferencia de la antigua Unión Soviética, China está profundamente integrada en la economía mundial, lo que la convierte en una rival sistémica desde dentro del propio orden existente.
Rusia, por su parte, representa menos una potencia económica que una fuerza militar revisionista. La anexión de Crimea en 2014 y la guerra de agresión contra Ucrania desde 2022 simbolizan la ruptura abierta con el orden de seguridad europeo. El hecho de que Estados Unidos y sus aliados no hayan podido impedir estas acciones, sino únicamente reaccionar ante ellas, es interpretado por muchos actores como una señal adicional de la pérdida de capacidad estadounidense para garantizar el orden internacional.
Sin embargo, sigue siendo objeto de debate si el mundo ha entrado ya plenamente en una era multipolar. Estados Unidos conserva recursos de poder estructural únicos: la mayor capacidad de proyección militar del planeta, el dólar como moneda de referencia global, empresas tecnológicas dominantes, una poderosa industria cultural y una densa red de alianzas formales e informales. Ninguna otra potencia, ni siquiera China, dispone hoy de una combinación comparable de influencia militar, económica, tecnológica e institucional.
Por ello, muchos teóricos prefieren hablar de una erosión relativa de la hegemonía estadounidense más que de un colapso definitivo. Estados Unidos sigue siendo la potencia central, pero ya no puede definir ni imponer unilateralmente las reglas del orden global. En lugar de una unipolaridad clara, emerge un sistema híbrido caracterizado por el liderazgo estadounidense, la competencia sistémica china, el revisionismo ruso y una mayor autonomía de las potencias regionales.
El resultado es un sistema internacional más inestable, fragmentado y propenso al conflicto que el de la posguerra. Las normas pierden fuerza vinculante, las instituciones internacionales capacidad de acción, y la política de poder regresa abiertamente como principio estructurador de las relaciones internacionales. En este sentido, el presente no marca tanto el fin del poder estadounidense como el fin de la ilusión de un orden mundial liberal y duradero bajo liderazgo de Estados Unidos.


