El hígado, ese órgano multifuncional, desempeña un papel vital en la purificación de nuestra sangre, la digestión y la regulación de nuestros niveles de energía. Sin embargo, cuando acumula niveles anormales de grasa sin que el alcohol sea el culpable, surge una preocupante condición conocida como Hígado Graso No Alcohólico (NAFLD por sus siglas en inglés).
En Colombia, esta afección afecta a entre el 20.0% y el 29.9% de la población. Pero lo más inquietante es que, en su mayoría, esta enfermedad es asintomática, lo que subraya la importancia de realizar un seguimiento regular de la salud hepática. Aunque los síntomas pueden ser vagos, como fatiga o malestar en el lado superior derecho del abdomen, el NAFLD puede evolucionar a etapas más graves, como la Esteatosis Hepática No Alcohólica (EHNA), especialmente en contextos de obesidad.
La EHNA, que afecta al 85% de los pacientes de NAFLD, se caracteriza por una inflamación del hígado y daño celular. Esta condición puede conducir a complicaciones severas como cirrosis, insuficiencia hepática e incluso cáncer de hígado, lo que la convierte en una de las principales razones para los trasplantes hepáticos en el mundo occidental.
Sin embargo, el hígado tiene una notable capacidad para regenerarse, lo que sugiere que el control de los factores de riesgo, como mantener un peso saludable, controlar la diabetes y reducir la presión arterial, puede ayudar a detener o revertir la progresión de la enfermedad.
El aumento alarmante de las tasas de obesidad en todo el mundo también ha contribuido al incremento de casos de NAFLD. Además, enfermedades metabólicas como la diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y presión arterial alta están fuertemente asociadas con esta patología hepática. De hecho, el 90% de las personas con dos o más factores de riesgo metabólico pueden desarrollar NAFLD.
Afortunadamente, los avances tecnológicos en el campo de la salud están proporcionando nuevas herramientas para el diagnóstico temprano y preciso del hígado graso. Técnicas como la ecografía y las pruebas de laboratorio ofrecen una evaluación detallada y poco invasiva de la salud hepática.
Según Paulo Pontes, director general de ultrasonido para Latinoamérica de Siemens Healthineers, “existen sistemas de ultrasonido que permiten detectar el hígado graso en etapas tempranas, lo que facilita el seguimiento progresivo de la enfermedad y ayuda a los médicos a definir el mejor manejo para cada paciente”.
Además, Helida Silva, directora de Asuntos Médicos para Siemens Healthineers, Latinoamérica, destaca la importancia de pruebas de sangre no invasivas como la Prueba ELF, que evalúa biomarcadores séricos para determinar el riesgo de progresión de la fibrosis hepática en tan solo 20 minutos.
En resumen, la lucha contra el hígado graso requiere una combinación de conciencia pública, educación sobre hábitos de vida saludables y acceso a tecnologías médicas avanzadas. Solo a través de un enfoque integral podemos abordar esta creciente epidemia silenciosa que afecta a millones en Latinoamérica y en todo el mundo.



