Hay una historia en el Vaticano que circula entre sus pasillos, la Plaza de San Pedro y la ciudad de Roma, que tiene protagonista a un artista colombiano y a uno de los Jerarcas de la Iglesia Católica más emblemáticos del siglo XXI.
Todo comienza en el municipio de Mompox y la ciudad de Chía – el Caribe y la Sabana Centro – unidas, a través de una historia de fe, oración y largas horas de trabajo en silencio.
Se trata de Víctor De la Cruz y el papa Francisco (argentino), a quienes lo unió un Rosario, elaborado en filigrana, un hilo de plata, en una acción profesional de pulso de cirujano y alma de artista.
Una ciudadana chilena compró el Rosario (con sello del Caribe colombiano) que llegó con el paso del tiempo a las manos del papa Francisco, que lo guardó en vida como una reliquia en su despacho del Vaticano, donde diálogo con Jefes de Estado, empresarios, artistas y ciudadanos del mundo.
En palabras de Víctor De la Cruz, “la filigrana no se hace, se siente. En la elaboración del Rosario, cada punto es una oración. Lo quedé hace con amor, perdura para siempre”
Para quienes tienen una joya “De la Cruz Filigrana”, en Colombia y el exterior, advierte que el trabajo artístico es de una alta calidad. “Fue hecha, con paciencia y devoción”, precisan.
De Mompox trajo la tradición de sus ancestros. En la ciudad de Chía, encontró la inspiración, bajo el apoyo de su familia.
Quienes conocen a Víctor De la Cruz, no hablan de un joyero, hablan de un artista. Hablan de un hombre de gran corazón. De un creyente de la fe de la Iglesia Católica. De un maestro que enseña la historia de cada pieza en filigrana que elabora.
Se recuerda en el Vaticano que el papa Francisco, dijo que le transmitieran a Víctor De la Cruz, el agradecimiento a nombre de los fieles en el mundo. Un Rosario que le acompaño para rezar por Colombia y Argentina. También por América Latina (su tierra)
Cuando el Rosario De la Cruz Filigrana llegó a las manos del papa Francisco, no sostuvo un arte, sostuvo a un país, profundamente Católico.
Dice la historia, que guardó silencio. Oro. Que apretó el Rosario, suavemente. Un Rosario con raíces del municipio de Mompox, hecho en la ciudad de Chía, en la Sabana Centro, a una hora de Bogotá.
Era la filigrana, elevada a arte. A una plegaria. Lo bendigo y lo guardó el Sumo Pontífice. En ese instante, la plata de Mompox dejó de ser plata en hilo. Se hizo bendición en las manos del papa Francisco.


