Colombia no está en crisis por casualidad. Está en crisis porque desde el 7 de agosto de 2022 el país fue entregado a un proyecto que confundió el cambio con el saqueo.
El Gobierno de Gustavo Petro desvalijo al Estado. Desarmó instituciones que funcionaban, no para mejorarlas, sino para ponerlas al servicio de una nómina política. Ministerios convertidos en agencias de propaganda, entidades técnicas desmanteladas, y en su lugar un ejército de asesores, contratistas y “gestores” que viven del presupuesto y no le responden a nadie.
Empobreció a los colombianos. Con el discurso de la equidad subieron impuestos, dispararon la incertidumbre y ahuyentaron la inversión. La inflación golpeó la comida, la gasolina y los servicios. El campesino no tiene cómo sacar sus cosechas, el tendero no vende, el joven no encuentra empleo formal. Mientras tanto el Gobierno reparte subsidios como si fueran limosnas para comprar silencio. Eso no es justicia social. Es hacer dependiente al que antes quería ser independiente.
Y lo más grave: convirtió la corrupción en política de Estado. No es un caso aislado, no es “la mermelada de siempre”. Es sistemática. Contratos a dedo, nombramientos de cuotas, plata que aparece en bolsas y maletas, escándalos que se tapan con otro escándalo al día siguiente. La promesa era “cero corrupción”. El resultado fue normalizarla. Hoy robar no escandaliza, porque desde arriba se dio el ejemplo de que el poder se usa para repartir, no para servir.
Petro llegó hablando de moral. Termina gobernando con las mismas prácticas que dijo combatir, pero multiplicadas y con más cinismo. Desvalijó las empresas públicas, desvalijó la seguridad, desvalijó la confianza. Y cuando un gobierno desvalija la confianza, desvalija un país entero.
No se trata de izquierda o derecha. Se trata de decencia. Y esta administración la perdió el primer día que prefirió el relato a los resultados, la ideología a la gerencia, y el poder a la gente.
Colombia merece un gobierno que construya, no uno que desarme. Que produzca, no que empobrezca. Que castigue al corrupto, no que lo haga ministro.
Eso no lo estamos viendo. Por eso hoy el balance es uno solo: desvalijo, empobreció y corrompió.


